Las normas para la clasificación de zonas por el riesgo de atmósferas explosivas (ATEX) debidas al polvo han sufrido un proceso continuo de evolución. En todos los casos, provienen del sector eléctrico, que, tradicionalmente, antes de la Directiva 94/9/CE, establecía las reglas para definir distintos niveles de probabilidad de aparición y duración de las atmósferas explosivas.